Pulau Derawan y el paraíso

Viaje a Indonesia: Pulau Derawan

4 días para responder qué es el paraíso

Tres horas de viaje en taxi todoterreno compartido y una hora en barco separan a Berau de Pulau (isla) Derawan. Nada más llegar tomo una nota: escribir sobre la relatividad del paraíso.

La primera impresión es decepcionante, las expectativas eran altas y, tanto la acumulación de casas en frente del embarcadero, como los restos de basura en la playa, hacen que Pulau Derawan no sea el tipo de isla paradisíaca esperada. Sin embargo, cuatro días después de desembarcar en ella y dispuestos a emprender el viaje de nuevo nos sentiremos dejando una expresión del paraíso. Intentando buscar un porqué me respondo que el paraíso sólo se manifiesta cuando uno está preparado para ello.

Pulau Derawan es una isla que se puede rodear a pie en menos de una hora. El agua que la rodea es turquesa y la arena blanca. Si uno se sumerge con gafas de ver bajo el agua se encuentra con restos de metales, de basura abandonada a su suerte en el mar, pero un poco más allá se tropieza con una tortuga marina del tamaño de un carro de la compra comiendo algas, y un poco más allá con un pez ángel.

En la orilla hay tres turistas indonesias encantadas de hablar con una europea y unos metros más allá cuatro niños jugando a cabalgar sobre un tronco gigante y flotante. ¿Siapa nama anda? (¿Cómo te llamas?). Resulto tener el mismo nombre que la protagonista de un culebrón indonesio, así que les será fácil de recordar y más de una vez en los días que pasamos en la isla les oiré gritándolo mientras saludan.

Si uno da esa vuelta a la isla bordeando la orilla podrá ver pequeñas rayas casi transparentes flotando y trozos de playa completamente desierta en los que dejar mensajes en la arena. También es posible encontrar a más niños, en este caso tirándose al agua desde una palmera tan inclinada que se puede usar de trampolín. “Hello míster!” “How are you?” “Fine, and you?” “Fine”. Y practicarán las cuatro frases en inglés más dominadas en el mundo.

pulau derawan palmera trampolin

Si uno da una vuelta por el interior del pueblo, sin asfaltar, verá que está lleno de gallinas paseando a sus anchas, de ropa tendida, de tranquilos vendedores ambulantes con carretilla (vendedores de ropa, de piñas, de todo); de niños columpiándose en hamacas que se saben la coreografía de la canción de Shakira y del Mundial de Sudáfrica –el célebre Waka Waka-; de gente tumbada en los porches de las casas, que no se cansan de saludar; de más niños jugando y preguntando cómo te llamas y cuántos años tienes, niños que pasan a ser de la familia al cabo de tres días viéndolos, hablando y jugando con ellos a hacer fotos, a sus propios juegos hechos con trozos de baldosa, o al Monopoly de billetes con las caras de Leonardo di Caprio y Robert Redford.

Pulau Derawan interior

Hay pescado tendido al sol, indonesios de vacaciones que no saben nadar pero que igualmente disfrutan bañándose vestidos y con un chaleco salvavidas al lado del embarcadero. Hay gatos que no temen a los hombres sino que los buscan continuamente para conseguir su cobijo. Hay bebés con balancines increíbles. Hay gente sin estrés. Hay madres que ayudan a sus hijos más pequeños a coleccionar cangrejos ermitaños en vasos de plástico, como nosotros coleccionábamos renacuajos.

Sin título

Hay palmeras, hay cocos tirados por el suelo. Hay estrellas y tortugas que salen de noche a poner sus huevos en la playa. Y entre todo esto cada uno puede encontrar su porqué la isla puede ser una expresión del paraíso.

pulau derawan tendedero

Está el porqué del que se emocione al saber que Nisa, de 19 años y que lleva cinco meses estudiando turismo en la isla, se sabe toda la alineación del Barça, con especial cariño para Bojan.

Está el porqué del que disfrute de paseos nocturnos por la playa o de charlas relajadas con los viajeros que uno se encuentra en la isla, no más de diez, o con los trabajadores de la protectora de animales que se encarga de velar por los huevos de tortuga y devolverlos al mar una vez que nacen -si uno tiene suerte puede hasta hacerlo él-.

Está el porqué del que quiera superar la fobia a las medusas visitando una laguna de agua salada (Kakaban) habitada por medusas a las que no es necesario esquivar porque tocarlas no te va a doler: la ausencia de depredadores hace que el contacto con ellas no genere reacción alguna en el humano, más allá de la sensación que pueda experimentar por poder acariciar lo prohibido.

Y está el gran porqué del adicto a la sensación de volar entre peces, porque a una hora en barca, hay tres pequeñas islas en las que bucear y hacer snorkeling con unos arrecifes increíbles, poblados de infinitos peces de colores. Sumergido en ese espacio con la luz atravesando el agua, el sonido de tu respiración y el arrecife generando una caída inabarcable por la vista, tomas conciencia de que ése será un recuerdo al que recurrirás cuando necesites trasladarte al paraíso. Intentas fijarlo en la memoria con todas tus fuerzas.

Al cabo de cuatro días allí, resultó que había muchos porqués. Para cada cual el suyo, siempre que estuviera preparado para encontrarlo.

 

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