En el camino

Hay libros que son viaje, un tipo de viaje al menos. El de Kerouac es uno de ellos. Debo reconocer que sólo amé este libro por momentos, durante breves ráfagas de luz cegadora, deslumbrarse para ubicarse de nuevo. Lo leí a la vez que leía a Joyce Johnson y sus Personajes secundarios y fue ella quien, a mitad de lectura de On the road, me hizo amar al protagonista, no a Dean o Neal Cassady, sino a la voz que lo retrata, la del propio Kerouac. Una especie de anexo a la lectura que recomiendo fervorosamente para entender y sobre todo querer un poco más a la generación beat y sus aspiraciones.

“Lloviznaba y todo era misterioso al comienzo de nuestro viaje. Me decía que todo iba a ser una gran saga en la niebla […]. Estábamos todos encantados, nos dábamos cuenta de que dejábamos la confusión y el sinsentido atrás y realizábamos nuestra única y noble función del momento: movernos. ¡Y cómo nos movíamos! Pasamos como una exhalación junto a las misteriosas señales, blancas en la noche negra, de algún sitio de Nueva Jersey que decían SUR (con una flecha) y OESTE (con otra flecha) y seguimos la que indicaba el Sur. ¡Nueva Orleans! Ardía dentro de nuestras cabezas. Desde la sucia nieve de “la gélida y agotadora Nueva York”, como decía Dean, no pararíamos hasta el verdor y el olor a río de la vieja Nueva Orleans, en el fondo de América; luego iríamos al Oeste. Ed iba en el asiento de atrás; Marylou, Dean y yo íbamos delante y hablábamos animadamente de lo buena y alegre que era la vida”. En el camino, Jack Kerouac (traducción de Martín Lendínez). Anagrama, 1989. Título original: On the road, Viking Press, publicada en Nueva York en 1957, aunque escrita 7 años antes.

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